lunes, 4 de agosto de 2008

Luthier (disertación de la confusión)

Pasar de la ausencia a la inexistencia de ser, es más complejo que la teoría de la relatividad.

Mientras escribo estas líneas oigo como un piano toca en clave de fa, notas largas, creo que están alargando el tempo para poder tocarlas en negras y no en redondas, ya que el negro es el color que refleja mi alma. Luego entra un oboe una octava más bajo que el piano, mientras un chelo fulmina el sentimiento con pizzicatos una octava aun más bajo, no se pero quiero ser un luthier, porque quiero llegar una octava aun más bajo de lo que me regalaría un contrabajo y ese instrumento lo tendría que inventar, sería el único que podría reflejar el sentimiento que me invade.

Hoy todos esos sentimientos se reúnen en mi, y un nudo que parece ser ciego lo encuentro en la boca de mi estomago. Antes disfrutaba tu ausencia porque aumentaba el deseo de volverte a ver, pero hoy ya no es ese tipo de ausencia, hoy es una inexistencia de alguien real, una inexistencia tan contradictoria como querer a alguien y no hacerlo por los miedos de su misma cabeza. Que tan facho puede ser uno consigo mismo o que tan tirano, hasta que punto uno exige a su cuerpo, hasta que punto hacerse daño, hasta que punto cerrarse hacia sus mismos sentimientos y esperar un cataclismo que tampoco abre una grieta por donde salga toda esa prisión, porque siempre será cerrada.

El egoísmo muchas veces se confunde con el amor, pero mi sentimiento es puro porque no soy egoísta y acepto la inexistencia por evitar más dolor, un dolor que sé que seguirá creciendo y vuelvo a preguntarme, ¿estoy siendo contradictorio una vez más? Y no encuentro respuesta, desearía que un milagro pasara y me diera esa respuesta, pero si soy egoísta porque esa respuesta que busco, es permanecer a tu lado, sigo sin entender ¿soy o no soy egoísta?

Me siento una contradicción de mí mismo, porque busco las respuestas ya y hacer un duelo ya. Pero no, aun estoy embotado y sólo soy un nudo. Evito el dolor, también soy cobarde y juzgo, definitivamente tu ausencia me hace ser tan humano de nuevo, pero también tu presencia lo hacía, porque me sentía más vivo. Quisiera inventar una ecuación para el amor y volverlo racional, es verdad soy una contradicción.

Bogotá 2003

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